Este verano hicimos un experimento: estábamos en casa de unos amigos con nuestros hijos y había un montón de cajas apiladas en un lado del patio. Dejamos que los niños se acercaran sin dirigirlos a ellas ni impedirles acercarse. ¿Qué pasó? Unos acabaron jugando a que las cajas eran barcos, otros metiéndose dentro de ellas y cerrándolas, pero sobre todo, disfrutaron muchísimo. Ese es un ejemplo del estupendo artículo escrito por nuestra amiga Isa Tesifón sobre el juego libre:
EL JUEGO LIBRE, MUCHO MÁS QUE UNA FORMA DE PASAR EL TIEMPO
Qué importante es el juego libre para una niña y un niño desde que nace, ese palito que encuentra en el paseo que damos con él o ella por el campo, esa caja que cogemos del trastero y se la damos sin otorgarle ninguna regla o norma para jugar o ese montón de piedras que trae en el bolsillo después de un rato en el parque.
El juego libre es esencial para su desarrollo social, físico, emocional y cognitivo, y le permite una mejor adaptación a las diferentes situaciones que se le van a plantear a lo largo de su vida. Entre otras cosas, estimula la inteligencia y la capacidad de relacionarse consigo mismo/a y reduce el estrés. A través del juego, ellos y ellas elaboran su mundo, lo organizan y comienzan a entender el mundo del adulto.
Parece que los adultos, cada vez más, vemos el juego libre como una pérdida de tiempo, apostando por el desarrollo de habilidades intelectuales, tales como la lecto-escritura o las matemáticas. No nos damos cuenta de que a edades muy tempranas esto puede ser perjudicial para el desarrollo armónico de las niñas y los niños de los que hablamos, “ Una mente que no juega es una mente que crecerá en dificultad”, Vincent Arnaiz, psicólogo infantil.
Además, con la ausencia del juego libre fomentamos, sin quererlo, aspectos generalmente relacionados con el mundo adulto como son: la competitividad, la rivalidad y el tener que ganar siempre a todo.
En nuestras manos está el proporcionarles tiempo para jugar, el mostrarles el camino que les enseñará a dialogar, a tomar decisiones, a pensar de manera autónoma.
Isabel Tesifón, maestra de Educación Infantil y madre de dos niñas de 2 y 5 años.

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